El juego consiste en repartir unos personajes y leer una historia. Cada personaje tiene que levantarse cuando sea nombrado. Todos se levantan cuando se nombra el evento que los reune a todos. En este caso, los personajes a repartir son:
Novio (Marcos Martínez) Novia (Maruja Fernández)
Padre del novio, papá Martínez Padre de la novia, padrino, papá Fernández
Madre del novio, madrina, mamá Martínez Madre de la novia, mamá Fernández
Invitados de la familia Martínez Invitados de la familia Fernández
Cura
La tarde comienza bien porque ¡nos vamos de boda!
Es el 18 de noviembre de 2000 y Maruja Fernández (la novia) y Marcos Martínez (el novio) se van a casar en la iglesia de San Pío V, en Leganés. A tan importante evento está invitado gran número de personas: la familia Fernández, con mamá y papá Fernández al frente, y la familia Martínez, con sus correspondientes mamá y papá Martínez.
A las cinco y media de la tarde, se encuentran ya todos preparados: la novia, el novio, los padres de la novia, los padres del novio, el cura y todos los invitados.
La familia Fernández se muestra muy emocionada por el enlace, mientras la familia Martínez se dedica a bostezar y a hablar en voz alta alternativamente, por lo que el cura no hace más que mandar a todos los invitados que se callen.
El padrino le dice a la madrina que su familia es insoportable y la madrina, que como todos los Martínez es un poco impulsiva, le tira el ramo de novia que sujetaba entre sus manos. La novia se vuelve enfadada para pegarle un sopapo a su suegra, pero el novio, enfadado por el comportamiento de su Maruja, la sujeta, con tan mala suerte que es él, Marcos, quien recibe el guantazo.
Cuando la familia Fernández empieza a aplaudir, el cura no deja de repetir: «¡Seññores, por favor, que esto es una boda!», aunque ninguno de los invitados le hace caso y se empeñan en disfrutar repartiendo golpes, puñetazos y patadas a todo miembro de la otra familia que ven ileso.
El padrino intenta sacar a su hija del centro del huracán en que se ha convertido la boda, pero la madrina le tiene bien vigilado y no permite que lo haga. Mientras tanto, mamá Fernández y papá Martínez se han puesto a hablar a sus anchas de lo mal que se comporta hoy la juventud y del poco respeto que hay hacia ceremonias tan tradicionales como la de una boda.
Algunos de los familiares Martínez se encuentran de acuerdo con lo que dice mamá Fernández y se sientan cerca de ella para apoyarla en su discurso. Algunos de los familiares Fernández, en cambio, están de acuerdo con papá Martínez y se sientan a su alrededor. Los demás invitados, en medio de la discusión, se dan cuenta de la elegante charla que mantienen los demás y se sientan para escucharles hablar y razonar. El cura no puede creer lo que ve: los Martínez y los Fernández sentados unos al lado de los otros en perfecta armonía y en silencio.
La novia y el novio ya no están peleando, de las manos han pasado a los besos y ya se encuentran haciendo las paces. Mientras, la madrina y el padrino se quejan de la dificultad de educar a los chicos y de los esfuerzos que han tenido que hacer para llegar a criarlos.
Parece que la boda comienza por fin.
El cura le pregunta a Maruja si quiere a Marcos por legítimo esposo para quererle en la enfermedad y la salud, en la pobreza y la riqueza, y ella responde que sí emocionada. Luego el cura le pregunta al novio si quiere a Maruja por legítima esposa para quererla en la enfermedady la salud, en la pobreza y en la riqueza... y Marcos responde que sí. Todos los invitados suspiran de emoción. Y entonces el cura, más calmado, pide los anillos al padrino, quien busca y rebusca por todos los bolsillos de su elegante traje sin encontrar nada. La madrina mira amenazadoramente al padrino, y el novio, a la novia.
Todos los invitados saben que los anillos eran una antigüedad muy valiosa de la familia Martínez y que, si no se encuentran, va a haber problemas de nuevo. El cura se teme lo peor cuando la madrina se dirige amenazadoramente hacia el padrino. Entonces el padre del novio dice que los ha cogido él para guardarlos mejor y se los entrega al asustado padre de la novia quien, a su vez, se los pasa a Marcos.
Continúa la boda con normalidad, si es que a esta boda se la puede llamar normal, y llega el momento en el que el cura dice que, si hay alguien que no esté de acuerdo en que se celebre la boda, hable en ese momento o calle para siempre. Todos los invitados se miran, los Martínez a los Fernández, el novio a la novia, la madrina al padrino, la madre de la novia al padre del novio y el cura al crucifijo, rezando para que no haya más escándalos.
Parece que no habla nadie y entonces el cura les pide a los novios que sellen su amor con un beso. Esta última parte de la boda es tan bonita que los padrinos se besan, mamá Fernández y papá Martínez se besan y todos los invitados se besan, no haciendo distinciones entre Fernández y Martínez.
Luego vienen lo del arroz y la puerta de la iglesia parece un campo de batalla en el que los coches sirven de barricadas. El coche de los novios es el escondite que se disputan todos los invitados, por ser el mejor situado de todos. Cuando salen los padrinos, les cae una enorme ola de arroz que hace que la madrina llore. El padrino intenta consolarla y se resbala, arrastrando en su caída a la señora Martínez. Los novios aparecen entonces y, cegados por la tormenta de arroz que arrojan los invitados, no ven a los padrinos en el suelo y se caen encima de ellos.
La boda termina con dos costillas rotas para la madrina, un ojo morado y una mano magullada para el padrino, una pierna escayolada para la novia, que se tropezó con el vestido en su caída, y dos dientes menos para el novio al chocar con el peinado de su esposa. Los demás invitados celebran la boda con una descomunal paella en los salones Bodas inolvidables y esa comida es presidida por mamá Fernández y papá Martínez, que se han hecho muy amigos.
Desde luego, la boda ha sido inolvidable.
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