jueves, 26 de noviembre de 2020

El tesoro del ratón

Hace muchos años, en un país lejano, vivía una familia de ratones. 

Tenían bucado su pequeño y ratonil hogar en la pared de un enorme colegio para seres humanos. El padre ratón, el roedor (rdr.) Uick, trabajaba en la muy honorable tarea de retirar los escombros de las vías de circulación. ¡Aquellos humanos eran tan torpes!, continuamente se les caían cosas: papeles, cáscaras, migas, objetos de no-cristal..., y el roedor Uick se encagaba de apartarlos de los principales caminos de comunicación. 

Este servicio de limpieza para el que trabajaba se ocupaba también de reciclar algunos de aquellos materiales, como los trozos de papel, empleados para acondicionar nuevas casas, o las cáscaras de ciertos frutos, que pasaban a integrar el almacén general de comida de la comunidad. Parecía, además, que desde tiempos remotos existía un acuerdo con los humanos, puesto que ellos, de vez en cuando, facilitaban la labor de estos silenciosos trabajadores acumulando los desperdicios en un lugar determinado, una especie de supermercado para la comunidad animal. Aquellos días de mercado, el roedor Uick se quedaba en casa y era la roedora Uick quien se encargaba de adquirir lo que necesitaban. En ocasiones, ninguno de los dos tenía que salir, puesto que con lo que el roedor Uick se traía a casa les era suficiente. Aquellos días se iban juntos a dar una vuelta y a visitar a sus amigos.

El día que comienza nuestra historia, volvían de uno de aquellos paseos.

-La roedora Yiuk me ha comentado hoy en el mercado que la felina Miu ha oído decir a su marido, el felino Miu, que los humanos han decidido no organizar ningún día más de mercado -decía la roedora Uick.

-Pero querida, ¿cómo puede ser eso cierto? Los humanos han venido haciéndolos desde tiempo inmemorial, es ley de vida -contestó su marido-. De todas formas, lo comentaré con el director si así te quedas más tranquila -añadió después con una sonrisa, y movió el bigote de la manera que ella prefería.

En casa, su hijo Iiki les había preparado la cena. Este Iiki era un ratoncito raro. Apenas salía con otros ratones, tampoco huía de los gatos ni de otros animales mayores, sino que conversaba con ellos y les ofrecía opinión y consejo; era serio, formal y responsbale y tenía un extraño sentido del humor. Pese a ello, o quizá por esa causa, se había construido una reputación de ratón cabal y sensato, muy por encima de jovenzuelos de su edad. Constituían, pues, un modelo de familia ejemplar, reconocido por todos sus vecinos.

Un día, el roedor Uick llevó algo a casa. No era extraño, ya que habitualmente lo hacía, sin embargo, aquella vez, el objeto era sorprendente. Se trataba de una hoja de papel, lo cual en sí no era motivo de asombro, sus propias habitaciones se comoponían de este material, pero sí lo era lo que tenía escrito. A decir verdad, el roedor Uick lo había cogido para empapelar de nuevo la habitación de Iiki por los dibujos e imágenes que contenía. Cuando el ratoncito lo vio, las pupilas se le dilataron y comenzó a agitar sus pequeños bigotes, mostrando una gran excitación.

-¡Santa Ratona! -exclamó-, ¿de dónde lo has sacado, padre?

El roedor Uick, que no esperaba una muestra así de entusiasmo, pasó a contarle con evidentes signos de satisfacción cómo, tras una mañana muy aburrida, uno de los humanos había perdido el papel y había sido incapad de encontrarlo. Estaban en el momento más emocionante de su narración, cuando le contaba cómo se decidió a tomar el papel ¡delante mismo de un humano!, cuando su hijo le interrumpió de forma abrupta.

-¡Es el plano de un tesoro, padre!

-Iiki, cariño -intervino su madre entonces-, ¿no te habrás pasado demasiado tiempo al sol?

-No, madre -contestó el ratoncito, algo más tranquilo-. Los dibujos que tanto admira padre no son más que indicaciones para encontrar el tesoro.

-¡Techos, hijo, qué buena noticia! Vas a ser el único ratoncito cuyas paredes escondan un secreto, ¡ji, ji" -comentó alegremente el roedor Uick.

-¿Por qué no vamos a buscarlo? -propuso la roedora Uick-, quizá se trate de un pastel de queso con el que celebrar tu fiesta de cumpleaños.

-No creo, madre -habló Iiki con seriedad-, los humanos no suelen llamar tesoro a nada que no sea riqueza para ellos y todos sabemos que lo que más aprecian son los círculos metálicos que de vez en cuando pierden y que llaman dinero.

-Quizá... -comenzó su padre-, si encontramos ese... dinero, podamos convencer a los humanos para que no suspendan los días de mercado si se da el caso de que esos rumores fueran ciertos.

-Es posible -concedió el ratoncito-, los humanos actúan de esa forma.

De modo que Iiki tradujo a sus emocionados padres los signos y símbolos que se observaban en el papel. No le fue difícil hacerle, e incluso creó una especie de juego de palabras para que sus padres recordaran más fácilmente el lugar del escondite.Y su habilidad era lógica, siendo como era Iiki un pequeño ratón de biblioteca.

Las rimas, que el roedor y la roedora Uick siguieron a la perfección les condujeron hasta un rincón apartado del jardín trasero del colegio.

-Cuatro bigotes de rata y otros tantos de ratón desde el árbol de los gatos hacia donde nace el sol -recitaba la roedora Uick mientras su esposo seguía las indicadiones.

-Clava las patas al suelo, muévelas con gran fruición...

-Y descubrirás al poco el tesoro del ratón -completó su marido, brillantes los ojillos-. ¡Creo que ya lo veo!

Terminó de apartar la arena con las patas y ambos vieron una bolsa de tela en el agujero. La sacaron entre los dos con gran esfuerzo y la arrastraron hasta su hogar, con cuidado de no ser vistos. Una vez llegaron, fue Iiki el encargado de abrirla, ya que había sido él quien había descifrado el mensaje.

El contenido de la bolsa los dejó boquiabiertos a todos menos a Iiki, quien ya sabía de qué eran capaces los humanos. El tesoro del ratón consistía en un tarrito de cristal que con el viaje se había roto y que contenía arena muy fina; pétalos de flores y hojas secas y trozos pequeños de papel.

-Pero, ¿qué...? -comenzó el roedor Uick.

-No es más que el tesoro de un humano pequeño, padre. Sin duda no nos dimos cuenta de ello -explicó Iiki-. Son cosas que aprecia, eso es todo.

-Y ¿qué vamos a hacer ahora? -indagó su madre-, seguro que al dueño no podremos convencerle para que no interrumpa los días de mercado.

-Habrá que devolverlo -decició el roedor Uick-, imaginaos la tristeza del pequeño ser humano, con lo mudables que son...

Con una peculiar sonrisa, Iiki se acercó a la bolsa y, con los dientes, cortó un hijo que sobresalía. Y así, los dos esposos volvieron a darse a la tarea de arrastrar la bolsa.

La suerte, buena o mala, que el lector lo juzgue, quiso que una de las costuras se abriera y por ella, con el vaivén del viaje, se fueran perdiendo arena, pétalos y papeles; hecho del que los ratones no se dieron cuenta. 

Una vez sepultado el tesoro del ratón y, con él, la última esperanza de solución a su problema, regresaron a su hogar por un camino más corto pero abrupto que ahora, sin lastre, podrían recorrer fácilmente. Quiso la suerte también, y de nuevo juzgue el lector su tendencia, que a la mañana siguiente un inspector de sanidad visitara el colegio de forma imprevista y encontrara arena en ciertos rincones, pétalos secos, trozos de papel y tierra... no solamente en una esquina, cosa que ocurre de vez en cuando incluso en los mejores colegios, sino por todo el suelo; de modo que, tras el escándalo que se produjo, se vieron obligados a limpiar todos los días de la semana y los lunes dos veces.

¿En qúe afectó esto a nuestros ratones? El roedor Uick comenzó a trabajar en el turno de mañana, cuando aún no se había limpiado lo de la tarde anterior, y llegaba a casa con cosas ricas y útiles para toda la familia. La roedora Uick se acercaba al mercado tras la limpieza, una vez cerraba el colegio, y volvía a casa con la comida y con jugosos comentarios sobre la vecindad. Iiki siguió con sus estudios y consiguió convertirse, con el tiempo, en el primer ratón político de la historia. Juzgad ahora si la suerte fue benévola.

Abraham e Isaac

 (Música de Los tres mosqueperros)

Eran uno y uno dos,
uno un padre y otro un hijo,
al padre, que era Abraham,
Dios un día le dijo:

-Coge a tu hijo Isaac,
súbelo a ese monte,
y con un cuchillo, así,
le pones el fin.

Abraham, Abraham al monte está llegando,
Isaac, Isaac, se estaba mosqueando:
-¿Por qué un cuchillo ahí, si no hay un carnero?
-Pronto sabrás por qué.

Abraham, Abraham agarra el cuchillo,
Isaac, Isaac le mira sorprendido.
-Ven aquí, corazón, que Dios me manda hacerlo.
-¡Qué marrón!

Eran uno y uno dos,
como eran al principio,
el vejete de Abraham
no mató a su hijito.

Abraham oyó una voz,
Dios le dijo: ¡Para!,
sé que me obedecerás
y sin rechistar.


Rey David

 (Música de La vuelta al mundo de Willy Fog)

Escucha, amigo, vas a oír
esta historia de David,
un gran valiente.

A un gigante derrotó,
a Goliat, un gran señor
fuerte y feroz.

Una piedra colocó
en la honda y le venció.
Canta, escribe,
qué primor.
Es un muchacho encantador.

Llegó a ser Rey de una nación,
fue padre de Salomón,
su vida vas a conocer.

Juan Bautista

 (Música de La abeja Maya)

En un desierto abrasador
había un profeta bajo el sol,
y fue tan grande su sudar
que en el desierto nacio un mar.

Y como siempre, siempre estaba bautizando (ando)
poco a poco le fueron llamando (ando):
Juan Bautizos, para ya,
que vas a gastar el mar.

No hay cabeza que no conozca Juanito (ito),
canas, piojos, calvas y ricitos (itos)
bautizando sin parar,
Juan Ba (Juan Ba), Juan Ba (Juan Ba), Juan el Bautizos estará.

Hasta el palacio se llegó,
que el rey Herodes le invitó.
A un gran banquete fue a asistir
y nunca más se pudo ir.

En el desierto come bichos y bichitos
y en el palacete los mosquitos,
¡qué hambre ha pasado el gachó!,
pero poco le duró.

Una muchacha le hizo perder la cabeza,
Salomé bailando, vaya fresca.
¿Quién bautiza sino tú?
Bauti (Bauti), Bauti (Bauti), ahora bautizará Jesús.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Nuestro génesis

En el principio fue el tiempo, el escaso tiempo
y la vida se derrochaba en vivirla:
en jugar, en sentir, en reír, en probarla.
Pasó la noche, pasó larga la mañana, pasó la infancia.
Danza su segunda vida.

Dijo: «Hágase la luz» y la luz se hizo clara
y lució sobre sus maneras de ser joven
en excesos, defectos, vigilias; en sueños.
Y llegó el cambio, la nueva vida de nuevo,
pues pasó la mañana y, sí, pasó la noche.

Creó al hombre, a la mujer, a imagen del dueño;
a su semejanza propia le abandonó.
Probó y probó hasta agotar su vida tercera.
Pasó muy lenta y larga la mañana entera,
¿fue buena?, quizás. Llegó la noche y... pasó.

La séptima vida empieza con un encuentro:
la Esposa, el Esposo, el Cantar de los Cantares.
Dos miradas, dos palabras, una sonrisa,
luego un beso, ocho más... y, en esta vida,
pasaron seis noches y el final no la invade.

(agosto 2001)

 

[En el principio era el llanto y el rechinar de dientes
y en el dilatado final que es la vida, juntos hacemos ya cuatro meses.
Luz de mis ojos, aliento de mi respiro,
la primera vida duró mucho, talmente hasta que nos vimos.
La segunda, distinta, fue breve,
hasta el día en que repetimos.
Una vida más plena fue la tercera,
nacida de dos y de unos mimos.
La séptima nació junto a ti, por ti,
y está siendo un suspiro]

Pergamino

Larga es la noche de tu ausencia,
grande el dolor de tu marcha,
fría mi mañana sin tu aroma,
triste mi sonrisa
si falta tu voz para darle brillo.

Antes la jornada era larga
y corto el tiempo,
mas mi vida era mía
y yo, siempre para ocuparla
estaba bien dispuesta.

Larga es la noche de tu ausencia.

Sopló el viento y cambié
y, conmigo, mi mundo y mi centro.
Y la vida de fuera no tuvo más luz;
las estrellas que habitaban en mí
son lágrimas de plata.

Grande es el dolor de tu marcha.

Al alba se hicieron rosas mis mejillas
y conocí el dolor y la ternura a un tiempo.
Y quise amar y amé
y el despertar es como un fuego
que me marca al rojo vivo: soy tu esposa.

Fría mi mañana sin tu aroma.

Mi alma se esponja de alegría,
las mañanas radiantes
y la lluvia y el viento saludan mi rostro.
El dolor está oculto
y la pena dormida.

Triste mi sonrisa.

Ahora habito otro mundo
cuyo sol no es aquel que me observaba.
Ya mi vida no es mía,
ni soy parte del tiempo.
Nada importa el camino.

Si falta tu voz para darle brillo.

Larga es la noche de tu ausencia;
grande, el dolor de tu marcha;
fría, mi mañana sin tu aroma;
triste, mi sonrisa
si falta tu voz para darle brillo.


La distancia

La distancia es como el viento:
unas veces sopla con fuerza y apaga el fuego;
otras, sopla y lo aviva más.

La distancia es como el agua:
en ocasiones apaga la hoguera,
otras veces, la hace chisporrotear.

La distancia es como la leña:
según el momento, puede no estar preparada para el fuego y lo apaga;
en otros casos, lo enciende y acrecienta. 

Temo a marzo, temo a abril,
temo a agosto, que seca los bosques,
pero más que a ellos temo al progreso humano,
que inventa los mecheros y anacroniza las piras.


Enamorarse de un filósofo

Veamos,
¿qué me hace a mí especial?

Si hubiera un cataclismo, ¿por qué deberían salvarme a mí?

No soy excepcionalmente inteligente,
ni particularmente bonita,
ni sé mover las orejas,
ni puedo levantar una ceja de manera asombrosa, incitante o inquisitoria.

No soy depositaria de nintún secreto vital para el establecimiento y el desarrollo de la especie humana,
no poseo un conocimiento profundo sobre ningún tema y no valgo para enfrentarme a monstruos ni a guerreros espaciales, perfectamente preparados para abatirme con un solo golpe de vista.

Entonces, ¿soy especial?, me pregunto.

Y la respuesta es clara e indistinta, como lel hubiera gustado a Descartes,
y son los datos de mie experiencia los que la apoyan, como aprobaría Hume,
y les antepongo mis estructuras a priori: mi espacio pequeño, mi tiempo desaprovechado, mis esquemas complejos y mis ideas confusas, desordenadas y anacrónicas.

Y entonces lo sé. «Me amas, luego existo». Soy especial porque te tengo a ti.

(2001)


Soneto

Este soneto es como la amistad:
de inicio incierto y casi sin esfuerzo
mas con un enlace que siempre tuerzo
y que fuerzo hasta un fallido final.

Aparenta ser roca mas cristal
delicado es que con un suave cierzo
se rompe y que, aunque lo intente, no acierto
a recomponer con totalidad.

Mas culparme a mí sola es incorrecto
pues todos somos parte de lo mismo
y entre los cuatro lo hicimos perfecto.

Pero a veces amistad es cinismo
necesario para ocultar defectos
y esto supone fisuras y abismos.

(7 de julio de 2000, 02:04)

Insignificante, poca cosa y sin la confianza de los demás

Estoy ahí para todos, para el mundo, pero no me necesitan.

Si no les soy útil, si no ofrezco nada, ¿para qué voy a pedir nada? Algún día se me echaría eso en cara.

Me quieren (¿me quieren?) sí, pero no son como yo y no me entienden, nuestros valores son distintos y lo peor de todo es que no me puedo quejar porque, si lo analizo bien (o mal), encuentro que tienen razón (lo más divertido del asunto es que si ellos lo analizaran, también encontrarían que yo la tengo). No se le pueden pedir peras al olmo, así es la vida, y nadie es perfecto pero... me siento traicionadad, vacía y... sola.

¿Qué hice mal? ¿Por qué es mi culpa? Porque eres la única que se lo plantea.

(7 de julio de 2000, 01:35, M y J.L.)

Una mala época

 Estoy cansada, triste, apagada y culpable.

Culpable porque creo que le estoy fallando a L., porque doy de lado Mb. Apagada porque me siento traicionada por M. Cansada porque mi opinión nunca le vale a M, aunque coincida con la suya; nunca me escucha, como no sea para expresar una opinión contraria (que en ocasiones no es contraria, sino que no me ha escuchado).

Estoy agotada de pensar por los demás y verme culpable y pedir perdón. Estoy cansada de ser yo la oveja negra, lal inmaadura y la cría, de verme superior y notarme por debajo de los demás, de ser infravalorada y de razonarlo todo. Estoy cansada de que nunca se  ponga en mi piel, en la piel de los demás y de que se escude en su capa de seguridad.

Buenas noches. Adiós.

(2000)

Cierro los ojos:
tacto suave, seda, humedad y raso. 

La luz se enciende y las velas se reflejan en amplios ventanales. La noche nos rodea.

Su abrazo es seguro, fuerte, tierno; su tacto suace, seda, humedad y raso frente a la hoguera.

Sos ojos son simas oscuras en las que brilla un fuego que me hiela y me estremece. El viento se cuela por la ventana y apaga las velas,  me enreda el cabello y su mano me acaricia el rostro con delicadeza; su tacto suave, seda, humedad y raso en la nada, en el vacío.

Su voz es el mundo, la inmensidad el mundo. Musical, susurrante, aguda, sorda, sensual; su roce suave, seda, humedad y raso, calor y fuego entre dos, para dos, en los dos.

Su boca, ¡oh su boca! Sus labios, su lengua, sus dientes. Su boca. Tacto suave, seda, humedad y raso, noche donde quiera que estemos, pasión en lo que quiera que hagamos. Calor, calor y besos y roces y tacto suave, seda, humedad y raso.

Abro los ojos:
tacto suave, seda, humedad y raso. Tú.

(2001)

Si alguna vez

Si alguna vez ya no estoy,
siempre sabré que me amaste, que me amas,
nunca creeré que me olvidas,
siempre seré parte de tu alma,
siempre serás parte de mi vida.

Si alguna vez no estoy a tu lado,
si alguna vez me alejo de ti,
grita fuerte, llámame
que mi corazón está junto a ti.

(25 marzo 2003)

Ejercicio de expresión escrita

 Aquella mañana, aunque gris y plomiza como hacía tiempo que no veían los lugareños más ancianos del lugar, la niña Rosita Aurora Valdés, la flor más tierna, candorosa y dulce de toda la generación de Rosas tiernas, candorosas y dulces de los Valdés de Sierra Negra, abrió los ojos, bostezó, sonrió y se incorporó en la cama de nogal que había pertenecido a su madre, a su abuela, la inolvidable Rosa «Azafrán», conocida por haber desafiado a la sociedad sierranegrina al colorearse el pelo de rojo en su presentación, y antes que a ellas, a la docena de Rosas que las habían precedido; y como recordándolas a todas ellas, la joven Rosita acarició con cariño la suave madera que formaba el cabecero, deteniéndose, como siempre hacía, en el relieve que representaba la escena más extraña de todas: un hombre que defendía, con la ayuda de una flor, a toda una manada de fieros y salvajes lobos de un inocente y tierno corderito.

Conversación con Dios

Ángel: ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué me alteras de esta manera? Yo era feliz a mi manera allí abajo. Vivía, sentía y padecía. Yo era el sentido de mi vida, yo era mi dueño absoluto, benévolo o tirano. Yo ERA.

Dios: Te vi y me pareciste hermoso. Quise que dejaras de sufrir, que volvieras a volar de nuevo. Que recuperaras el lugar que te correspondía. Que descansaras de tan largo viaje.

A: No era decisión tuya traerme, sino mía la de venir. No tenías derecho, yo elegí viajar, conocer, aprender. Yo huí de tu lado para no regresar. Te abandoné, te traicioné para que no volvieras a quererme. Te di motivos para que me dejaras solo.

D: Pero mi esencia es la compasión, y el amor. Y te amo porque eres mío.

A: ¡No! ¡No me obligues a odiarte más! ¡Tu amor me asfixia, siempre lo hizo!, por eso me marché. ¡No me redimas, no quiero redimirme! He sido feliz allí abajo.

D: ¿Feliz? Llorabas, sangrabas, sufrías...

A: ¡Pero era yo! Era MI vida, eran mis decisiones, mis vivencias. Era mi dueño y respondía ante mí y ante nadie más.

D: Alguna vez me llamaste...

A: Deformación profesional, supongo; fueron muchos años los que pasé aquí... Pero escogí irme y no me arrepiento.

D: Nunca lo has hecho... Lo siento, quería ayudarte, quería que volvieras  a brillar, a sonreír, a ser feliz.

A: No quiero ser feliz aquí, donde estás tú, no quiero depender de ti. Allí abajo, si sonreía, era porque algo me había hecho gracia. Aquí, contigo, la vida se nos va en sonrisas y expresiones de placer. Es inevitable, supongo.

D: Así es.

A: Pero no puedo más. Quiero ser yo de nuevo y sentirme triste o enfadado o alegre por mí mismo.

D: Así pues, ¿te vas?

A: Debo hacerlo. Adiós.

D: Tan pronto...

A: ¡Sí, tan pronto! Cuanto más tiempo paso contigo, mayor es el efecto que me produces; espero que no sea ya demasiado tarde.

D: Te esperaré siempre.

A: Eso es otra losa más sobre mi conciencia. Tu amor me carga de cadenas. Adiós.

Y el ángel caído se alejó de nuevo.

Total y absolutamente asustada

 No quiero sentirme así: vacía, sola, incompleta cuando tú no estás. No quiero que me duela el alma como si un cirujano hubiera cortado una parte enferma y pudiera aún sentir el dolor del miembro fantasma. No quiero arrastrarme por la vida esperando que seas tú quien me ayude a levantarme.

No quiero que vengas para que mi vida tenga sentido, ni que aparezcas como el salvador de la Tierra Prometida. No quiero que me completes, no quiero que me acompañes. No quiero tener que verte para poder sentirme bien.

No quiero que me veas perfecta. No quiero que me quieras ver a cada momento. No quiero que me necesites. No quiero que me pidas nada, no quiero que te conformes con estar junto a mí.

No quiero vivir en una nube rosa, no quiero flotar en las brumas de la felicidad eterna, en los vapores de la dicha momentánea. No quiero ser tan absolutamente feliz.

Quiero encontrarte en una falta. Quiero que me engañes con otra. Quiero saber que todo es mentira, que todo forma parte de un plan maquiavélico, de una triste broma.

Quiero poder decidir mi vida sin contar con nadie. Quiero ser independiente, como me vengo planeando y entrenando desde hace tiempo, Quiero bastarme.

Quiero pensar en mí, recuperarme como compañera de andanzas. Quiero la lógica y el orden que estructuraban mi vida. Quiero mi seguridad. Quiero mi desprecio y mi amor por mí misma.

Quiero sonreír por mí misma. Quiero levantarme sola cuando caiga. Quiero encontrarme en todas las miradas.

Quiero pisar el suelo donde se ha desarrollado toda mi vida.

martes, 24 de noviembre de 2020

Rezando el Padrenuestro

 

PADRENUESTRO

 

 

NIÑO:    PADRENUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO

DIOS:    ¿Sí? ¿Qué quieres?

NIÑO:    ¡Oye, no me interrumpas, que estoy rezando!

DIOS:    ¿Pero no me has llamado?

NIÑO:    No, yo no te he llamado.

DIOS:    Entonces, ¿por qué has dicho Padre nuestro?

NIÑO:    Porque estoy rezando. Yo no quiero llamar a nadie.

DIOS:    Bueno,… sigue.

NIÑO:    SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

DIOS:    ¡Un momento! ¿Qué quieres decir con eso?

NIÑO:    ¡Déjame tranquilo! Yo no quiero decir nada, sólo estoy rezando.

DIOS:    Pero es que cuando se reza se habla con alguien, se le dice algo. ¿Con quién hablas tú y qué le quieres decir?

NIÑO:    ¡Anda! ¡Pues es verdad! ¿Y qué quiere decir “santificado sea tu nombre”?

DIOS:    Es muy fácil. Significa que, al rezar así, habéis aceptado ser hijos y estáis dispuestos a pareceros a mi Hijo Jesús, que siempre hizo el bien a los demás. Así es como se santifica mi nombre.

NIÑO:    ¡Ah! Ahora tiene sentido esto de rezar. Nunca lo había pensado. Bueno, voy a seguir:     VENGA A NOSOTROS TU REINO, HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

DIOS:    ¿Quieres decir eso de verdad?

NIÑO:    Pues claro.

DIOS:    Y… ¿qué haces tú para que sea verdad?

NIÑO:    Pues, hacer, hacer… nada… eso lo tienes que hacer tú ¿no? Yo creo que sería estupendo que hicieras que aquí abajo hubiese tanta paz, tanta alegría y tanto amor como debe haber ahí arriba.

DIOS:    ¡Claro que sería estupendo! Pero, ¿sabes una cosa? Eso quiero hacerlo a través de ti. Tú puedes realizar aquí mi Reino, llevando alegría, paz y amor a los demás; ésa es mi voluntad.

NIÑO:    Esta oración se está complicando. ¡Deja de meterte conmigo! Yo estoy rezando porque me han dicho que para ser bueno hay que rezar. Pero me parece que voy a dejarlo porque esto se está alargando mucho…

DIOS:    ¡Venga, no te canses! Sigue rezando, que voy a ayudarte y verás como es mas fácil si lo hacemos juntos.

NIÑO:    Bueno, sigo: DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA

DIOS:    ¿Para qué pides pan si ya lo tienes? Y, además de pan, tienes muchas cosas que no necesitas.

NIÑO:    Pero bueno, ¿no es eso lo que dice el Padrenuestro? Si estoy rezando lo tendré que decir, ¿no?

DIOS:    Sí, claro, pero no basta con decirlo. Es necesario que otros que no tienen pan lo tengan. Así que espero que compartas algo de lo que tú tienes con otros que no lo tienen… Yo lo doy para todos, no te quedes tú con más de lo que necesitas.

NIÑO:    Vale. Pero no quiero seguir, cada vez me lo pones peor y tengo miedo de seguir rezando.

DIOS:    ¿Miedo? ¿De seguir rezando? Anda, sigue, que me interesa lo que viene ahora.

NIÑO:    PERDONA NUESTRAS OFENSAS COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN

DIOS:    ¡Claro que te voy a perdonar! ¿Y tú? ¿Perdonarás a Javi?

NIÑO:    ¡Ni hablar! Me ha hecho una faena y me las pagará.

DIOS:    ¡Ya! ¿Y qué pasa con tu oración?

NIÑO:    Mi oración…, pues, bueno, yo estoy rezando el Padrenuestro.

DIOS:    Sí, estás rezando, pero rezar no es sólo decir palabras, es vivir lo que se dice.

NIÑO:    Bueno, ya me voy enterando… Es difícil, ¿sabes?, pero me estás convenciendo. Lo perdonaré.

DIOS:    ¡Eso es maravilloso! ¿Cómo te sientes?

NIÑO:    No muy mal del todo. Estoy algo contento, pero no te vayas, ¿eh?, que has prometido ayudarme.

DIOS:    ¡No me voy, tranquilo! Sigue con tu oración, que todavía no has terminado.

NIÑO:    NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN Y LÍBRANOS DEL MAL

DIOS:    ¡Claro que lo haré! Pero tú déjame ayudarte y no te empeñes en hacer más caso a tu comodidad, a tus caprichos, a tu egoísmo, a tu envidia que a mí, ¿de acuerdo?

NIÑO:    De acuerdo. Gracias, Señor, porque ahora sé lo que es rezar. Hasta ahora creía que si rezaba podía hacer lo que quisiera, pero ahora me doy cuenta de que cuando rezo hablo contigo y no te puedo engañar. No está bien decirte una cosa y hacer otra distinta.

DIOS:    ¡Estupendo! Ahora sí que puedes llamarme PADRE. Ahora sí que es auténtica tu oración y tu alabanza. Ahora, todo lo que me pidas se va a realizar, porque estás dispuesto a poner todo lo que puedas de tu parte. Buenos días, hijo.

Carta a Jesús

 

Carta a Jesús

 

[Aparece un niño escribiendo]

 

N [voz en off]: 

Hola Jesús:

Hoy, en catequesis, me han pedido que te escriba una carta. Para preparar la Navidad y todo eso… Pero no sé qué poner.

Esto es como un rollo más del cole… aunque allí lo paso peor. Como soy el nuevo, aún no conozco a mis compañeros y no sé con quién jugar en el patio y la profe me tiene manía.

La veo mirarme siempre con una cara… y no hace más que regañarme por todo, que si estate quieto, que si levanta la cara y mira la pizarra, que si deja de dibujar en el cuaderno y atiende… Y, claro, el resto de la clase me mira y se ríe… Yo lo que quiero es estar tranquilo. ¡Ojalá no nos hubiéramos mudado! ¡Ojalá siguiéramos todos juntos en nuestra casa!

 

Niño o niña 1 [canturrea con la musiquita de un anuncio]: Yo creo que la vida es un asco, sí lo es, sí lo es, es un asco

 

[Entra un niño y se pone a su lado]

 

N2: ¡Hola!

N1: Hola… ¿te conozco? ¿Vas a mi clase?

N2: ¡Claro!, bueno, creo que sí. ¿Qué haces?

N1: Estoy con los deberes de catequesis. ¿Tú ya los tienes hechos?

N2: ¡Buf! Los míos parecen interminables… ¡Ven, quiero enseñarte algo!

 

[Ambos se mueven al otro extremo del escenario. Aparece una niña lloriqueando]

 

N3: ¡sniff, sniff!, ¡me tocaba a mííí!, ¡ella ya tiene muchooos!

N2: ¡Hola!, ¿qué te pasa?

N3: Es que hoy en catequesis hemos hecho un ejercicio y, si lo hacíamos bien, nos daban un portaminas muy chulo. Y cuando la catequista iba a darme el mío… se ha adelantado mi amiga Silvia y ¡ese era el último! ¡Y ella tiene muchos en su casa y no me lo ha querido dar! ¡Aunque me tocaba a mí! ¡sniff, sniff!

N1: Eso es muy egoísta, ¡vaya amiga tienes!

N2: ¿Qué podríamos hacer para que te sientas mejor?

N1: Oye, yo tengo aquí mi portaminas. A mí no me importa dártelo. De todas maneras, se le está gastando la mina y no sé dónde se compran más, como soy nuevo aquí… ¿Lo quieres?

N3: ¿De verdad? ¿No te importa?

N1: No me importa, toma.

N3: ¿Tú no vas a la clase de la profe Luisa? Creo que te he visto en el colegio. Mi amiga Silvia también va con ella y dice que es una profe muy mandona, pero que en el fondo es muy simpática… el truco está en dejarle explicar las cosas al principio de la clase.

N1: Vaya…, a lo mejor es eso lo que le pasaba. Intentaré atender un poco más, al menos al principio. Gracias por el consejo.

N3: Gracias a ti por el portaminas.

 

[N1 y N2 se van al otro extremo del escenario. Aparece un niño dando patadas al suelo]

 

N4: ¡Se va a enterar! [patada al suelo] ¡Le voy a machacar!

N2: ¡Hola!, ¿qué te pasa?

N4: ¡Mi hermano!, ¡está todo el día metiéndose conmigo! Y claro, [en tono de burla] como es mayoooor [tono normal] me gana en todo y luego se ríe. ¡Pero se va a enterar!

N2: Uf, qué difícil, ¿cómo podríamos ayudarte?

N1: Oye, ¿a qué te gana?

N4: Pues a las carreras, a la consola, a terminar antes los deberes,… ¡a todo! ¡Y encima se ríe!

N1: Y… ¿has probado a jugar en casa al escondite? Mi hermano y yo… cuando jugábamos, él, que era más pequeño, se escondía debajo de la almohada de la cama de nuestros padres ¡y yo nunca le encontraba!

N4: ¡Qué buena idea! Oye, por cierto, ¿tú no eres el vecino nuevo? ¿Los que os acabáis de mudar al tercero? Vas a nuestro cole, ¿verdad? ¿A qué juegas en el patio?

N1: Como no conozco a nadie, me quedo leyendo en algún rincón…

N4: ¡Ah!, pues ya me conoces a mí. Yo soy de los que juegan a pillarse, ¡soy muy rápido! Puedes jugar con nosotros cuando quieras.

N1: Gracias. ¡Hasta luego!

 

[N1 y N2 se van al otro extremo del escenario]

 

N2: Oye, ¡eres muy buena persona! Has ayudado a dos niños que no conocías.

N1: ¿Sabes una cosa? Hasta que tú no has preguntado qué podíamos hacer para ayudarles, no se me había ocurrido nada. A tu lado todo me parece más fácil, me vienen las ideas a la mente.

N2: A mí también me gusta pasar tiempo contigo. Creo que eres un amigo estupendo. Ahora tengo que irme, mi madre me espera. Está preparando mi cumpleaños y tengo algunas ideas para que este año venga más gente a la fiesta. Hasta luego. ¡Ah, por cierto!, tengo un mensaje para ti:

 

N2 [canturrea]: Yo creo que la vida es un regalo, sí lo es, sí lo es, un regalo…

 

[N2 se va]

 

N1: ¡Adiós!

 

[Entran una niña y un niño]

 

N5: ¡Mira, ése es!

N6: ¿Estás segura?

N5: Sí. [le habla a N1] ¡Oye!, ¿eres tú el que le ha dado el portaminas a Sara? Está supercontenta. Yo no me había dado cuenta de que era el último y me he sentido muy triste cuando me lo ha contado. Gracias por ayudarla.

N1: Bueno, en realidad, la idea no ha sido del todo mía, sino de mi amigo…

N6: ¡Hola!, yo soy vecino tuyo. Mi hermano me ha dicho que antes ha hablado contigo. ¡Y no sé qué le has dicho, pero se le ha pasado el enfado con el que se fue de casa! Y tiene unas ganas locas de jugar al escondite conmigo. ¿Cómo has conseguido animarle?

N1: La idea ha sido también de mi amigo…

 

N5: ¡Pues menudo amigo tienes!  

N6: ¡Yo quiero conocerle!

 

N5 y N6 [canturrean]: Yo creo que tu amigo es un ángel, sí lo es, sí lo es, es un ángel.

 

N5: Y tú también lo eres. ¿Sabes? Mañana, si quieres, siéntate conmigo en clase y te voy contando cómo llevarte bien con los profesores. Y puedes jugar con nosotros en el patio, normalmente jugamos a luchas de magia y dragones..., no sé si te gustará, pero puedes probar.

 

N6: Yo suelo jugar al fútbol en el patio. Cuando te apetezca, pásate y te pongo en mi equipo, aunque no se te dé bien. ¡Y puedes pasarte por mi casa para jugar con mi hermano y conmigo cuando quieras!

 

N1: Vale, gracias. ¡Nos vemos!

 

[N5 y N6 salen. N1 se queda mirando la carta que escribía al principio. Sonríe]

 

N1 [canturrea]: Yo creo que la gente es un ángel, sí lo es, sí lo es, puede serlo.

No creo que mi amigo sea un ángel, no lo es, no lo es, es Jesús.

Navidad. Festival de 1º de catequesis

Historia de la Navidad

 

Personajes:

María: ¡Hágase!

José: (saluda con la mano)

Niño Jesús: Gu-gu ta-ta

Ángel: ¡Salve!

Estrella: ¡clin, clin!

Pastores: Beee, beee, ¡vamos, oveja!

Reyes Magos: Te traigo un regalo

 

[Todos los niños están en escena. Todos sentados en el suelo o en un escalón. Cuando se nombra a su personaje, se ponen de pie de un salto, gritan su frase/palabra y se vuelven a sentar. Si se dice «Navidad», se levantan todos a la vez. Es muy caótico, pero resulta muy divertido.]

 

Vamos a contaros la historia de la primera Navidad (todos hacen/dicen su papel a la vez). En realidad, aquella vez, el nacimiento del niño Jesús [gu-gu ta-ta]) fue la única auténtica Navidad (todos). Los años siguientes, su familia prefería utilizar la palabra cumpleaños. Y mucho tiempo después, los cristianos empezaron a celebrar aquel momento tan importante y lo convirtieron en una fiesta, la fiesta de la Navidad (todos).

 

Todo comenzó en Nazaret, un pequeño pueblo de Galilea, donde el ángel Gabriel, (¡Salve!), visitó a una jovencita llamada María (¡Hágase!) para llevarle una gran noticia: sería la madre del Hijo de Dios. Dios bajaba a la tierra para hacerse uno de nosotros.

 

Canción: Gabriel el ángel…

 

José (saludo), que sabía que María (¡Hágase!) estaba embarazada por la gracia del Espíritu Santo, la acogió como su esposa y se la llevó a Belén a cumplir una ley del emperador Augusto. Mientras ellos viajaban, una nueva estrella (¡clin, clin!) apareció en el cielo y fue observada en Oriente por tres Reyes Magos (te traigo un regalo).

 

Canción: Mi burrito sabanero…

 

Belén era un pueblo pequeño, de pastores (beee, beee, ¡vamos oveja!) y artesanos y no había sitio en la posada para José (saludo) y María (¡Hágase!), que tuvieron que instalarse en una cueva con animales. Allí nació Jesús (gu-gu ta-ta). José (saluda) le hizo una cuna con la paja del pesebre. Y María (¡Hágase!) le envolvió en su manto para darle calor. Allí Jesús (gu-gu ta-ta) miró a sus padres por primera vez.

 

Mientras tanto, había un grupo de pastores (beee, beee, ¡vamos, oveja!) en el campo. En esto, vieron una luz brillante y, cuando pensaban que sería una estrella (¡clin, clin!), resultó que era un ángel (¡Salve!), que se les apareció para decirles que había nacido Jesús (gu-gu ta-ta), el Hijo de Dios, y que estaba en un pesebre.

 

Al otro lado del mundo, los Reyes Magos (te traigo un regalo) que habían visto la estrella (¡clin, clin!) se habían puesto en camino para encontrar al recién nacido Niño Jesús (gu-gu ta-ta).

 

Así que María (¡Hágase!), José (saludo) y el Niño (gu-gu ta-ta) se encontraron de repente con un portal lleno de gente: los pastores (beee, beee, ¡vamos, oveja!), que les traían leche, lana y queso, los Reyes Magos (te traigo un regalo) con oro, incienso y mirra como ofrenda, la estrella (¡clin, clin!) que brillaba en lo alto y el ángel (¡salve!), que cantaba glorias a Dios.

 

Y así, señoras y señores, es como sucedió la primera Navidad [y aquí todos se ponen en pie y gritan: ¡feliz Navidad!].

 

Canción: Una postal de Navidad

Navidad: festival de catequesis

 Festival de Navidad

 

[Todos los niños en escena. Los que hablan, se ponen de pie. Los que no, permanecen sentados en el suelo o en los escalones. Cuando llegan las canciones, todos se levantan para cantarlas y se vuelven a sentar al terminar para que puedan hablar los personajes correspondientes]

 

Narrador 1: Hace mucho, mucho tiempo, Dios envió a su ángel a anunciarle a María…

Narrador 2: Espera, espera, acláralo un poco.

Narrador 3: Sí, a ver, a quién envió, cuándo, a dónde…

Narrador 4: Sí, sé un poco más concreto, que si no suena a cuento de Navidad…

 

N1: (suspira) A ver, hace casi exactamente 2018 años y 9 meses, Dios envió a su ángel…

N2: Ya, ¿pero fue por la mañana o por la tarde?

N3: ¿No puedes decirnos la hora?

N4: Es para situar un poco la acción y poder entender mejor la escena…

 

N1: En su evangelio, Lucas dice: “envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, a visitar a una joven virgen llamada María”. Queda claro, ¿no?

N2: Ah, vale, era por la tarde…

N3: ¿Cómo que por la tarde?

N4: ¡Claro!, ¿cuándo se va de visita? Por la mañana hay que ir al cole, al trabajo, hacer las camas, comprar…

 

N1: Bueno pues: Hace 2018 años y 9 meses…

N2: Dios envió por la tarde al ángel Gabriel…

N3: a tomar un café con pastas, digo a visitar…

N4: a una jovencita llamada María para decirle una cosa.

 

Canción de la anunciación

Gabriel el ángel me saludó…

 

N1: Por si a alguien no le ha quedado claro, resumimos: Gabriel le anunció a María…

N2: Que Dios quería que ella fuera la madre de su hijo Jesús.

N3: Y María dijo que sí, que lo que Dios quisiera.

N4: Y José dijo que vale.

 

N1: ¿José?, ¿su futuro marido? ¿Y qué pinta él ahora?

N2: Pues… pintar, no pinta mucho, él es más de hacer cosas con madera…

N3: Ya, pero, ¿por qué lo nombras ahora?

N4: Pues porque es una parte importante, se la llevó a Belén a firmar unos papeles…

 

[Los narradores se sientan y se levantan José y María]

 

M: ¿Y dices que tenemos que ir a Belén?

J: Sí, María, hay que apuntarse en el censo.

 

M: ¿Y no podemos apuntarnos aquí en Nazaret?

J: No, porque como soy tátara tátara tátara tátara tátaranieto de David, la ciudad que nos toca es Belén.

 

M: Pues mira que si el Niño nos nace en Belén le van a llamar figurita…

J: ¡Qué cosas tienes, María! Además, será un viaje rápido, según google.maps esto se hace en 4 horas andando, ¡y nosotros vamos con la mula!

 

M: Pues ala, dale, a ver si volvemos pronto y me terminas la cuna para el niño, que si no, va a tener que dormir en el pesebre de la mula.

 

Canción: Con mi burrito sabanero voy camino de Belén…

 

M: José, ¿no podemos darle un poco más de vidilla al viaje?

J: Claro, María, agárrate.

 

Canción: Mi jaca...

 

M: ¡Por favor, José, una cosa intermedia!

J: Vale, vale, que me he emocionado.

 

Canción: Arre borriquito

 

 N1: Y llegaron a Belén y trataron de encontrar hotel. Pero estaba todo lleno.

N2: Ya sabéis cómo se llena de turistas Tierra Santa, con gente hasta de Velilla.

N3: Y ellos no habían reservado habitación..., ni tenían a los abuelos viviendo allí.

N4: Así que lo único que pudieron encontrar fue un huequecito en el establo.

 

N1: Y de repente… ¡Llegó la hora!

N2: ¿La hora feliz?

N3: ¡No!, ¡Bueno, sí! ¡Bueno, no! La horita corta…

N4: Vamos, que nació Jesús.

 

N1: Y aquel portal pequeño se llenó de luz.

N2: ¡Y de amor! María le miraba enamorada

N3: Y José decía de Él que no se podía ser más guapo…

N4: Y le llamaban de todo: cielito, tesorito… y cosas más raras.

 

Canción: Ay del chiquirritín

 

N1: Y entonces, empezó a aparecer gente.

N2: Primero, un ángel, que dijo no sé qué de ir a cantar el Gloria.

N3: Luego los que habían oído al ángel, ¡y eran un porrón!

N4: Y cada uno traía algo para el Niño…

 

Canción: Recogido su rebaño

 

N1: Todos querían darle algo al Niño.

N2: Que si leche y quesos…

N3: Que si mantitas de lana…

N4: Menos mal que no todos los regalos ocupaban mucho espacio.

 

Canción: Yo quisiera poner a tus pies (El tamborilero)

 

N1: Algunas visitas eran más agradables que otras, claro.

N2: Sí, también hubo gente un poco más… ¿cómo decirlo?

N3: ¿Metomentodo? ¿Cotillas?

N4: ¿Salvajes? ¿Irresponsables?

 

Canción: Dime Niño, ¿de quién eres?

 

M: ¿Cómo que de quién es? ¿No nos estáis viendo a José y a mí?

J: A ver si os pensáis que ha aparecido así de repente…

 

[El niño llora]

 

M: Bueno, vamos a ver si consigo dormirle.

J: Sí, es mucha fiesta para su primer día...

 

Canción: Noche de paz, noche de amor

 

[El niño llora]

 

M: ¡Va a ser una noche toledana como no consiga dormirse!

J: ¡Si está que se cae de sueño!

 

M: A ver cómo conseguimos que se relaje y duerma un poco…

J: A lo mejor con otro tipo de música… ¿Le digo al ángel que nos cante un poco?

 

Canción: LOS PASTORES (Los pastores, los pastores, los pastores, los pastores...)

 

M: ¡Vaya!, parece que los gritos de los pastores le han tranquilizado.

J: Y el corderito que le han dejado para que juegue un poco.

 

M: Lo mismo de mayor quiere ser un Buen Pastor.

J: Y si no, siempre tendrá cerca la madera…

 

[Le hacen muecas al niño y juguetean con el corderito]

 

M: ¡Mira, José! Nos visita la realeza.

J: Pues sí que ha ido lejos el ángel a cantar el Gloria…

 

R1: No, no, nosotros hemos venido siguiendo una estrella…

R2: Nos ha traído mirando al cielo todo el camino para no perdernos…

R3: Y tenemos un dolor de cuello que no veas…

 

R1: Sí, y no veas qué vuelta nos ha dado.

R2: Nos ha metido por todo el medio de Jerusalén.

R3: Con la de pasos y cruces que hay para atravesarla…

 

R1: A la vuelta, nos marchamos a casa por otro camino.

R2: Sí, y Herodes que se busque la vida para encontraros,… que no le veo yo muy de fiar.

R3: Él dice que le gustan mucho los bebés, que son muy inocentes, pero no sé, no sé…

 

Canción: Oro le trae Melchor (Olé, olé, Holanda, y olé...)

 

N1: Bueno, y con eso concluimos nuestra narración.

N2: ¿Así lo vamos a dejar? ¿No contamos nada más?

N3: ¿Lo de que se perdió? ¿Lo de que le bautizó su primo?

N4: ¿Lo de la fiesta en la boda de su prima de Canaá?

 

N1: No, porque eso es otra parte de la Historia…

N2, N3, N4: … y será contado en otra ocasión.

 

Todos: ¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

Navidad: Anunciación + Nacimiento + Adoración de los Reyes

 

Teatro de Navidad

 

Primera parte: Anunciación [4 personajes + 11 niños]

 

Narrador: Cuenta una antigua tradición que san Lucas, cuando iba a escribir su evangelio, fue a visitar a María para conocer de primera mano cómo fue la infancia de Jesús…

 

María: Pues verás, Lucas, un día recibí un visitante inesperado…

 

[María está sentada escuchando música con los auriculares, aunque el pelo los tapa y no se ven bien. Aparece el ángel Gabriel con las manos unidas como rezando y la llama]

 

Gabriel: [susurrando] ¡María!

 

[María sigue a lo suyo]

 

Gabriel: [se acerca un poco más y vuelve a llamarla en susurros] ¡María!

 

[María sigue a lo suyo]

 

Gabriel: [se pone a su lado y grita] ¡MARÍA!

 

[María se asusta mucho, pega un grito y casi se cae del asiento. Se quita los cascos y mira a ver qué ha pasado]

 

María: ¡Por Yahvé, menudo susto me has dado! ¿Qué quieres?

 

G: ¡Ave María!

 

M: [cantando] ¿Cuándo serás mía? Si tú quisieras, todo te daría… Sí, a mí también me gusta, pero ya está un poco pasada de moda, ¿no?

 

G: No, que digo que ¡Salve, María!

 

M: ¿Qué salve a quién? Tú eres un poco raro, ¿no?

 

G: [resopla/suspira] A ver, María, soy Gabriel, general de los ejércitos angélicos celestiales, y te traigo un mensaje de Dios: el Señor está contigo.

 

M: ¿Y con tu espíritu? [aparte] Este tío está un poco tocado… mejor me voy a buscar a mis padres…

 

G: María, no tengas miedo, no soy ningún pirado, sino un ángel. Mira, tengo alas y todo. Luego, si eso, te enseño como vuelo. Pero tengo que decirte una cosa súper importante: Dios ha decidido intervenir en la historia humana para salvaros a todos, y para eso te ha elegido para que concibas a su hijo y lo llames Emmanuel. Será un gran hombre y le llamarán Hijo del Dios Altísimo y será rey como David y reinará por…

 

M: ¡Echa el freno, Madaleno! ¿Me estás diciendo que voy a tener un bebé, que lo tengo que llamar Manolo, que va a ser muy alto y que se va a hacer rey? ¡Mejor que se haga jugador de baloncesto y gane dinero haciendo anuncios! Madre mía, cuando se enteren mis padres…

 

G: A ver, María, tranquila, que creo que te estás liando. Dios quiere saber si tú quieres colaborar con él en esta idea. Si quieres ser la madre de su hijo, que va a necesitar ayuda en la tierra para crecer como un niño normal.

 

M: Bueno, como un niño normal no… Si dices que va a ser tan alto… y que va hacerse rey… ¡Menudo lío!

 

G: ¡Y vuelta la burra al trigo! Que no, que será hijo del Dios Altísimo y… bueno, que ya te lo he dicho, que si te apuntas al plan.

 

M: ¡Si no tengo ni novio! Bueno, estoy prometida a José… pero hasta que nos casemos…

 

G: Dios se encarga de todo: te cubrirá con su sombra y enviará al Espíritu Santo para que se pose sobre ti y engendre en tu seno a su hijo.  Él lo puede todo, fíjate que ha hecho que tu prima Isabel se haya quedado embarazada…

 

M: ¡¿La prima Isa?! ¡Si es viejísima! ¡Por lo menos tendrá 40 tacos o así! Eso sí que no me lo pierdo. Verás cuando se lo cuente a mi madre… Va a alucinar. Con la de veces que dicen mis padres que se queja de cómo nos educan… A ver cómo le sale a ella el bebé…

 

G: Bueno, entonces, ¿qué?

 

M: ¿Qué de qué?

 

G: Que ¿qué le digo a Dios?

 

M: Pues qué le vas a decir, Gabi, majo, te puedo llamar Gabi, ¿no?, como vamos a ser medio parientes y eso… Que si Dios lo quiere, ¡cómo le voy a decir que no! Ahora, eso sí, que se encargue él de explicárselo a José y a mis padres… que a ver con qué cara voy yo a decirles que voy a tener un hijo muy alto… ¡Pero no lo voy a llamar Manuel, ¿eh?! Mejor le digo Jesús, para decirle Jesusito de mi vida, que queda como más cuqui. Y bueno, tengo que preparar la visita a la prima Isa, ver qué le llevo de regalo, hacer la maleta, hablar con mis padres… [María va saliendo de la escena]

 

[Gabriel se queda sólo, mira al público, mira al cielo, suspira y se va]

 

Lucas: ¿Y dices que fue así, María?

 

María: Así como te lo estoy contando, Lucas, sin exagerarte ná de ná, que a mí no me gusta nada hablar ni hacerme notar, no como a mi prima Isa, que estuvo aquellos seis meses venga a bendecir, venga a hablar de los niños, venga a hablar de guarderías, que si la de Betania, que si la del Mar Muerto, que vaya un nombre para la guardería, por cierto…

 

Lucas: [aparte, mirando al público] Bueno, a ver cómo escribo todo esto para que los lectores sigan leyendo después de este capítulo…

 

Fin. [En la escena, todos se paralizan y van entrando niños con mensajes]

 

Niño 1: Gabriel viene a visitarnos también a nosotros cada día de nuestra vida, y especialmente en Navidad.

 

Niño 2: Es el mensajero que Dios nos envía para decirnos que somos especiales. Somos hijos suyos y nos quiere.

 

Niño 3: Quiere que seamos felices, que estemos alegres, que recordemos que todos somos hijos amados y, por tanto, hermanos de los demás.

 

Niño 4: Ser sus hijos queridos es muy fácil… y muy difícil. Ser cristiano es una de las misiones más hermosas y más difíciles del mundo.

 

Niño 5: Ser cristiano, aceptar que Jesús está en nosotros, como lo estuvo en María, supone vivir como Dios nos pide que vivamos…

 

Niño 6: Amando a Dios por encima de todo y al prójimo como a nosotros mismos.

 

Niño 7: Es decir, perdonando, ayudando, dialogando, pidiendo perdón, sonriendo, queriendo a los demás, aunque nos hagan daño.

 

Niño 8: Y eso sólo es posible si abrimos el corazón y dejamos que el Espíritu Santo nos llene de su fuerza.

 

Niño 9: Así pues, en esta Navidad, recordemos que el amor de Dios nace como un niño pequeño que hay que cuidar.

 

Niño 10: Al igual que nuestro amor a los demás, que hemos de cuidar día tras día, persona tras persona.

 

Niño 11: Gracias, Padre Dios, por enviarnos a tu Hijo a salvarnos. Gracias, Jesús, por hacerte como nosotros y entender nuestras preocupaciones. Gracias, Espíritu Santo, por darnos la fuerza que necesitamos.

 

Todos: ¡Y gracias, María, por decir que sí!


 


 

Segunda parte: Navidad [8 personajes + 8 niños]

 

Lucas: Buenas tardes, María, ¿tienes tiempo para contarme cómo fue el nacimiento de Jesús?

 

María: Claro, hijito, claro. Aunque no sé si me convence el resumen que has hecho de lo que te conté el otro día…

 

Lucas: Es que no quería que mi evangelio se hiciera demasiado largo.

 

María: Estos jóvenes y sus ganas de brevedad… En fin, escucha, Lucas, fue así:

 

[Entran María y José. María está embarazada y va sobre un burro, José va a su lado. Hacen como que avanzan]

 

María: ¡Teníamos que haber venido por Emaús! Pero no, tú querías pasar a ver a Zacarías en Jerusalén, ¿no podíamos haberlo hecho a la vuelta? Y mira que está pesado Zacarías desde que ha vuelto a hablar, la prima Isabel lo dice, todo el día con el Benedictus en la boca, ¡si le empiezan a llamar Benedicto y todo en el pueblo!, que digo yo, ¡no habrá cosas bonitas que decir en hebreo! Y ahora estamos perdidos, a oscuras, con el burrito sabanero este, que hay que ver qué ritmillo tiene andando…

 

José: Ya estamos llegando, María, vamos por buen camino.

 

M: Buen camino, dices… lleno de piedras. ¡A ver cuándo asfaltan esto, que está lleno de tierra y el pobre burro levanta un polvo que no deja ni ver! Mucha pax romana últimamente, pero poca calzada veo yo por esta zona. A ver si llegamos pronto, que menudo viajecito largo llevamos. Menuda idea la de Octavio, ya podían censarse él y toda su augusta familia…

 

J: Ya estamos en Belén, mira, María, allí veo la posada.

 

M: Qué ganitas tengo ya de sentarme en una silla, cenar una comida caliente y dormir un poco en un colchoncico de lana… Pero a ver cuánto quieren cobrarnos, que con esto del censo seguro que se están poniendo las botas con todos los viajeros.

 

[Llaman a la puerta. Se oye toc toc]

 

Posadero: [Desde dentro] ¿Quién va?

 

J: Dos viajeros desde Nazaret. Necesitamos habitación para la noche.

 

P: Shalom, galileo, ¿qué os trae por aquí desde tan lejos?

 

J: Shalom, posadero. Hemos venido a censarnos como ha mandado Tiberio. ¿Tienes cama para nosotros? Mi esposa está embarazada y necesita descansar del viaje.

 

P: Lo lamento, la posada está repleta, pero voy a preguntar. ¡Rebeca!

 

[Sale Rebeca]

 

Rebeca: ¿Qué ocurre, Rubén? [A María] ¡Ay, mi madre, si estás a puntito! Pobrecita, y lo cansada que estarás…

 

M: Sí, hija, sí, y aquí estoy, sin quejarme ni nada…

 

P: ¿Dónde podemos alojarlos, Rebeca? [A María y José] En la posada estamos llenos… No tenemos disponible ni siquiera nuestra habitación, hoy pensábamos dormir en el suelo del comedor, con otros cuantos viajeros.

 

R: ¡Ya lo tengo! ¿Te acuerdas de mi prima Sara, la de Betel? Sí, hombre, sí, la mujer de Saúl, el hermano de Jonás. Pues tiene un amigo que se fue de viaje a un país vecino a que le hicieran rey o no sé qué, y a uno de sus criados le dejó un pesebre que ahora está vacío. Y a mí me dijo que me lo prestaba si nos hacía falta para los caballos o algo.

 

M: ¿Un pesebre?

 

R: Sí, lo sé, no es gran cosa, pero al menos estaréis bajo techo y protegidos del viento. Voy a prepararlo todo para vosotros. No te preocupes, te pondremos cómoda y podrás descansar.

 

[Rebeca sale. Se colocan cojines en otra zona de la escena]

 

P: Seguidme, es por aquí.

 

[Les deja en la zona de los cojines y se va]

 

M: Tienes que ponerles cinco estrellas en el trip advisor ese, por majos. [Se toca la tripa] ¡Ay, José, qué fatiguita tengo! ¡Ay, José, que dolorcito tengo! [se sienta en los cojines] ¡Ay, José, que creo que ha llegado la hora! [coge al niño que estaba oculto entre los cojines] ¡Ay, José, que horita más corta! ¡Mira que cosa más bonita, José! ¡Mira su carita!

 

J: [Coge al niño y le da un beso] Hola, Jesús.

 

M: Sí, ¿verdad que tiene más carita de Jesús que de Manuel? ¡Vaya ideas tiene Gabriel!

 

[Entran dos pastores]

 

Pastor 1: ¡Buenas!

 

Pastor 2: ¡Shalom!, ¿es aquí lo del niño?

 

J: Shalom, amigos, ¿a quién buscáis?

 

P1: Pues verás, estábamos con las ovejas, hablando del partido de ayer entre el Real Betel y el Atlético de Belén, cuando va y aparece un señor muy raro.

 

P2: ¡Un ángel, te dijo que era un ángel!

 

P1: ¡Lo que sea! Menudo susto nos dio, brillando y todo, que parecía radiactivo, mis ovejas tenían cara de pensar que estaban comiendo hierba de la rara…

 

P2: Nos ha dicho que había nacido el Salvador en el pueblo del rey David, que lo veríamos en un pesebre envuelto en pañales. Y aquí estamos, venimos a adorarle.

 

M: Pues muy bien, pero bajito, que el niño se acaba de dormir y no quiero que se despierte, que bastante mal está el pobre, sin su cunita, que le había hecho José, sin su mantita, ni sus juguetitos... Que vamos, ya se podía haber esperado dos diítas para nacer, pero no, que ya le había llegado la hora…

 

P1: Os hemos traído mantas de lana y leche de oveja. Y un poco de queso para que repongas fuerzas.

 

M: ¡Muchas gracias, majos! Te lo agradezco, sobre todo el queso, que ahora ya puedo comer cualquier tipo de queso, que no veáis qué tortura durante el embarazo, que si carne muy hecha, que si leche pasteurizada…

 

P2: Vamos a adorarle.

 

[Todos se ponen de rodillas]

 

Niño 1: Jesús nació en un pesebre, no en un hospital, ni en casa con una matrona. Fue un lugar que no estaba preparado para recibir al hijito de Dios.

 

Niño 2: Tampoco nuestro corazón está preparado para recibirle, por eso tenemos que limpiarlo y hacer que dé calor.

 

Niño 3: Para eso tenemos que abrir el corazón y abrir los ojos, buscar las pequeñas cosas que nos recuerdan que nuestro Padre del cielo nos cuida.

 

Niño 4: Tenemos que abrir los oídos a la voz del ángel que nos dice que el Mesías ha nacido, que es un niño indefenso el que viene a salvarnos.

 

Niño 5: Y tenemos que adorarlo. En cualquier lugar, a cualquier hora. Basta un simple “Te quiero, Jesús”, “Gracias por hacerte niño como nosotros”.

 

Niño 6: Abrir los brazos a los demás cuando están tristes es una buena manera de abrir nuestros brazos a Jesús.

 

Niño 7: Recordemos siempre que todo un Dios se abajó para hacerse un niño. Que no os preocupe haceros un poco niños y jugar y disfrutar de nosotros en Navidad.

 

Niño 8: Navidad es aquí y ahora. ¿Cómo la vais a preparar vosotros? ¿Cómo queréis que la vivamos nosotros?

 

 


 

Tercera parte: Adoración de los Reyes [7 personajes + 10 niños]

 

María: Bueno, imagino que querrás seguir con la historia, ¿no? ¡Apunta, Lucas! Era por la mañana y acababa de fregar el suelo cuando…

 

Mateo: Lucas, ha tenido que salir un momento, María, yo soy Mateo… También quiero contar cosas de cuando Jesús era pequeño en mi evangelio.

 

María: ¡Ah, sí, el del buey!, pues nada, hijito, escucha entonces…

 

[María está sentada con el niño y José les mira desde detrás. Entran los tres reyes magos]

 

María: ¡Quietos los tres! Acabo de fregar el suelo y como me piséis lo mojado os tiro de las orejas… Coged papel.

 

[Los reyes ponen hojas de papel y, pisándolas, se acercan a la Sagrada Familia]

 

Melchor: Shalom, somos estudiosos del cielo y venimos de muy lejos.

 

Gaspar: Hemos caminado mucho para encontrar al Niño, al Rey recién nacido.

 

Baltasar: Queremos adorarle y le traemos presentes y dones.

 

M: Así que de muy lejos, ¿eh? Pues el niño acaba de nacer, así que no sé cómo lo habéis hecho, porque habéis llegado en camello, no en un coche de Fórmula 1… Lo vuestro parece cosa de magia…

 

Mel: Hace ya un tiempo, vimos aparecer una nueva estrella en el cielo, era muy especial.

 

G: Anunciaba el nacimiento de un gran Rey.

 

B: Reconocimos la señal en cuanto apareció y la hemos seguido hasta aquí.

 

M: ¿Hasta aquí? ¿Tenemos una estrella encima? ¡Mira qué bien, José, lo que vamos a ahorrar en velas!

 

Mel: Paramos en Jerusalén a preguntar al rey Herodes dónde había de nacer el Rey, pensando que él sabría algo del Niño.

 

G: Pero no, tampoco los sacerdotes que consultó sabían nada de la señal que Dios había enviado al mundo.

 

B: Pero buscando en la Escritura, nos indicaron que teníamos que venir a Belén, y hasta aquí nos ha traído la estrella.

 

M: ¡Pues bueno se habrá puesto el rey Herodes con lo que nacía un nuevo rey! ¡Y con lo violento que suele ponerse por tonterías! José, estoy preocupada…

 

J: Tranquila, María, Dios nos indicará qué hacer.

 

M: Bueno, pues venga, haced lo que tengáis que hacer, que luego le toca comer, cambio de pañal, echar los gases y otra siestecita… No me lo alborotéis mucho, ¿eh?, que luego no hay quien le duerma…

 

Mel: Queremos entregarle primero nuestros presentes.

 

G: Y nuestros dones.

 

B: Después le adoraremos.

 

Mel: [Entrega un cofre] Yo te traigo oro, porque has nacido como rey y es el símbolo de la riqueza.

 

M: Mira qué bien, José, nos viene estupendamente, porque los niños al crecer gastan mucho en sandalias, túnicas, rollos para la escuela…

 

G: Yo te traigo incienso, porque eres Dios aquí en la tierra y el olor de tus obras llegará al cielo para alabar al Padre.

 

M: Bueno, pues tendremos la casa perfumadita… habrá que racionarlo para momentos importantes, porque, si no, menudo colocón…

 

B: Yo te traigo mirra, pequeño, porque además de Dios y rey, eres hombre verdadero.

 

M: Perdona, pero me parece muy pequeño aún para la birra. Y no sé si eso es un buen símbolo para expresar su humanidad; si fuera irlandés, todavía…

 

J: No, María, mirra. Es una sustancia que se emplea para hacer ungüentos y medicinas.

 

M: ¡Ah, como la barrita esa de árnica! Pues seguro que le viene muy bien, porque es un niño muy movido. Bueno, vamos a adorarle otro poquito y luego nos contáis la visita a Herodes.

 

[Se arrodillan todos]

 

Niño 1: ¿Quién se da cuenta de que ha aparecido la estrella en su vida? ¿Quién se fija en las señales que indican que algo nuevo ha nacido? ¿Quién sigue la luz que marca el camino?

 

Niño 2: Jesús nace cada Navidad y cada día a nuestro alrededor. Tenemos que saber mirar y ver los pequeños detalles que nos lo recuerdan.

 

Niño 3: Una sonrisa, un saludo, un pequeño favor, un “deja que te lo sujeto”, alguien que nos sostiene la puerta para que pasemos, o que nos presta un bolígrafo o un lápiz cuando nos hace falta. Ahí está Jesús, ahí está el amor.

 

Niño 4: ¿Qué regalo vamos a hacerle al Niño? Recordad que ¡es su cumpleaños!, y nos invita a una gran fiesta.

 

Niño 5: Melchor le lleva oro. A los reyes se les debe obediencia. Yo, Rey mío, te entrego la mía, Jesús. Tu Palabra es mi ley.

 

Niño 6: Gaspar le ofrece incienso. A Dios se le adora. yo voy a rezarte, Jesús, cada día un poquito para darte gracias por tu amor.

 

Niño 7: Baltasar le entrega mirra. Yo voy a verte, Jesús, en cada persona que veo, sea mi amiga o no. Porque en cada persona puedo amarte a ti.

 

Niño 8: Los pastores te entregaron mantitas de lana de oveja. Yo te ofrezco el calor de los abrazos que doy a mis padres, que me cuidan como a ti María y José.

 

Niño 9: Los pastores te trajeron queso. Yo te entrego el sabor de los besos que doy a mi familia y amigos y las buenas palabras y buenos deseos a quienes celebran conmigo tu nacimiento.

 

Niño 10: Pensad cada uno qué podéis ofrecerle a Jesús, es sólo un niño ahora, pero crecerá para enseñarnos a ser buenas personas, las mejores personas que Dios quiere que seamos. ¡Feliz Navidad a todos!