Jesús de Nazaret
Escena 1.
En casa de Isabel.
Isabel y Zacarías
Isabel limpia la casa con cara de aburrimiento y canta:
I: ¡Ay, ay, ay, ay, qué trabajo me manda el señor…!
Z: (desde dentro) ¡Isabel, Isabel!
I: ¿Qué querrá este hombre ahora? ¿Que le lleve el desayuno a la cama? ¡Pues no está el horno para bollos esta mañana! (A Zacarías) ¿Qué quieres, cascarrabias?
Z: ¡Ven corriendo Isabel, que se mueve, se mueve!
I: ¡Anda ya, cómo se va a mover esa cosa vieja y arrugada!
Z: ¡Qué sí, que sí, ven a ver!
Isabel entra. Desde dentro.
I: ¡Venga, venga, haz tu trabajo!
Z: No la atosigues, mujer, hay que ayudarla un poco. Venga, enséñale lo que tú ya sabes.
I: Bueno, pero que conste que lo hago por ti y por ella, que a mí ya sabes que estas cosas me ponen nerviosa.
Se lanza un ratón de peluche al público. Gritos (esperamos, claro). Isabel sale.
I: Ya sabía yo que con 18 años esta gata no está ya para moverse mucho. ¡Déjala tranquila, Zacarías, que ni con el ratón de plástico ni con el de peluche! Hablando de peluches, ¿te he comentado ya que estoy embarazada? ¿Zacarías? (se acerca a la puerta) ¿Zaca? ¿Pues no va y se queda mudo del susto? ¡Vaya por Dios! Ahora, que yo esto lo prefiero, no vaya a ser que nazca el niño y le meta ideas raras en la cabeza, que yo quiero que sea tuno y me cante todo el día eso de:
¡MILAGRITOS, MILAGRITOS, MILAGRITOS QUE CAUSA EL SEÑOR!,
YO TE TRAIGO, MILAGRITOS, PREPARADOS SEGÚN SU ELECCIÓN
SI ALGÚN DÍA, MILAGRITOS, NO LOGRARA PODER REALIZAR,
NO TE CREAS QUE YA NO TE ESCUCHA, ¡ES QUE TÚ NO LE HAS IDO A REZAR!
Escena 2.
María y el arcángel Gabriel.
Casa de la Virgen. Está barriendo y tararea la canción anterior.
M: Na, na, na, na, na, na, na, na….
G: ¡Salve, oh llena de gracia, el Señor está contigo y bendita eres entre todas las mujeres!
M: ¿Que te salve de qué? ¡Oye, majo, que aquí no hay nadie más conmigo! Que se entera mi madre de que estoy con un señor y me la cargo, así que ya te estás largando, no te vayan a oír los vecinos y luego vengan con chismorreos. Que mucha pluma, mucha pluma, y luego sois los peores. ¡Venga, arreando!
G: ¡Pero mujer, que soy un ángel!
M: ¿Un ángel? Los que venís con cara de buenos sois los peores. ¡Vais, vais! (le hecha con las manos y sigue barriendo)
G: ¡Pero bueno! ¡Que te traigo un mensaje de Dios!
María para de barrer, mira la hora, y suspira.
M: ¡Las 11 de la mañana y ya dice que me trae un mensaje de Dios! ¡Qué pronto empiezan algunos, qué pronto empiezan!
G: ¡Qué no estoy borracho! ¡Que tengo un mensaje importante! No me interrumpas, que me aturullo! A ver…, ah, sí, escucha (coge aire y recita de carrerilla): “No temas, María, porque hallaste gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo al que llamarás Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (la mira).
M: (le mira mosqueada) Esto es una broma de cámara oculta, ¿verdad?
G: ¡Que no!, que esto es serio.
M: Ya, vamos a ver. ¿Me estás diciendo que Dios me ha elegido?, ¿a mí? ¿A dedo? ¡Hala, tú, por mirar para arriba cuando no tocaba!
G: No, a ver, esto es como lo de la selección natural (con voz grave): sólo sobreviven los mejores, pero a lo bruto, en plan divino, ya sabes.
M: Ya, y me dices además que me voy a quedar embarazada. ¿Tú no sabes que eso es corrupción de menores?
G: ¡Mujer, qué exagerada eres! Si todo esto es indoloro e insípido, como beberte un vaso de agua.
M: ¡Un vaso de agua, un vaso de agua! ¡Un wishkie es lo que me bebía yo ahora!
G: No, mujer, que eso es malo para el niño…
M: ¡¿Cómo?! ¿Ya lo tengo dentro?
G: Bueno, aún no, te tiene que cubrir la sombra del Altísimo y todo eso. Mira, si quieres, pregúntale a Isabel, tu prima, que hace 6 meses se quedó embarazada gracias a Dios.
M: Sí, la verdad es que la pobre se lo merecía de una vez…
G: No, si digo que fue gracias al Señor, que le hizo un milagro.
M: ¡Caray! ¡Qué generoso está últimamente! ¿Qué pasa, que no hay reemplazo generacional? Pues podría echar una mano en otro sitio, la verdad. Por cierto, ¿cómo se lo va a tomar mi madre cuando lo sepa? ¿Y cuando lo sepa la gente? Van a murmurar que es una barbaridad…
G: No te preocupes, está todo pensado. Te vamos a casar con un señor muy majo, de gran linaje… Ya verás como no te va a faltar de nada.
M: Bueno, pues venga, ya que lo tenéis todo tan bien planeadito, que sea lo que Dios quiera.
G: Nunca mejor dicho.
Escena 3.
María y José
M: ¡Mira que te dije que sacaras los billetes antes!, pero tú, ¡nada, ni caso! Que si hay tiempo, que si no te impacientes, ¡y ahora mira! El burro de línea sale dentro de dos horas, ¡y seguro que nos quedamos sin plaza en uno de esos hotelitos con encanto de la guía Gansa. ¡Anda, vete a ver qué encuentras para esta noche!
José se va y queda la Virgen, cansada, que se sienta en una roca.
M: ¡Menudo viajecito! ¡Y la culpa es mía! Claro, si me hubiese plantado y le hubiese dicho a José: el que se va a empadronar vas a ser tú, ¡pero en la punta del Sinaí! Pero una es buena, y dócil, y paciente, y claro, obedece sin rechistar. (Mira al público) ¡Sin rechistar, sin rechistar, ¿qué pasa?! A ver si no me voy a poder quejar, que estoy embarazada y es un antojo. Que si no, me va a salir el niño con cara de rechiste y se me van a reír de él dos veces. Porque, vamos a ver, ¿a mí para qué me necesita? ¿Que no se acuerda de mi nombre? Si sólo tiene que decir: Me llamo José, vivo en Nazaret, estoy casado con María y voy a tener un hijo que se va a llamar Jesús. ¿Tan difícil es? Pero claro, el pobre, siendo como es… ¡Pues no va y me dice que, como no hemos tenido viaje de novios (ni tiempo para conocernos, la verdad) íbamos a pasar más tiempo juntos así… ¡Y yo que me veía comprando postales del templo y llevándole a mi madre un par de palomas de sacrificio! (disgustada) ¡Y todo ha sido tan rápido!, tan sin disfrutar de las compras, de los famosos…, nada, nada, que la próxima vez me tiene que llevar más lejos, ¡por lo menos al extranjero! (Mirando al cielo) ¡Y va también por ti, que vaya trato que le estás dando a la madre de tu hijo! ¡Como pille a Gabriel!
José vuelve cabizbajo.
M: ¡Uy, por tu cara veo que me traes malas noticias!
José asiente y mira el pesebre, como midiéndolo.
M: Ya veo, nos quedamos aquí en medio de la nada. ¡Si es que no te tenía que haber mandado a ti, me tenía que haber encargado yo, que me iban a hacer más caso! ¡Y tú, deja de mirar embobado este sitio, que ni te has traído las herramientas ni eres el de Bricomanía! (Al público) Aunque eso sí que hay que reconocérselo, con la madera es todo un artista. Le dejo aquí más de dos días y me convierte el pesebre en un bungalow de lujo. (A José) ¡Anda, ayúdame a preparar un sitio para dormir y ve a buscar algo que nos caliente!
José sale.
M: (se sienta. De repente grita) ¡Ay! ¡Ay, qué dolor! José, ven corriendo! ¡Ay, ay! ¡Que creo que va a nacer el niño! Como se le ocurra a alguien decir que esta es una Buena Noche, le parto la cara.
Cae el telón.
Escena 4.
María y José.
José está trabajando en el taller.
M: (Entra alterada) ¡José, José! ¡No te vas a creer lo que ha pasado!
José para y la mira interrogante.
M: El niño ha vuelto a hacer una de las suyas, y no habo de las temperaturas. Estábamos en la boda del hijo de Leví, el cuñado del rabí de la sinagoga de Caná, ya sabes, el chico este tan soso que cecea (José asiente). Bueno, pues resulta que, en medio del banquete, se quedan sin bebida, y voy y le digo al niño: ¡Anda, haz algo, que menuda faena! y me dije: ¡jo, mamá, que no es buen momento!, no me he echado la siesta a mi hora… y le digo: ¡anda ya, qué siesta ni qué niño muerto! Trae algo de beber para esta gente, ¡soso, que eres un soso! Y va y sale en busca de los criados, los hace llenar unas ánforas pesadísimas de agua y les dice que la sirvan. ¡Y a que no sabes lo que hizo después! Tú ya sabes el humor que se gasta, ¡pues las convirtió en vino! ¡Vino, en una boda de abstemios! creí que me moría de la vergüenza. ¡Ahora, que le he echado una bronca que no veas! ¡Verás cuando los invitados despierten! ¡Con la merluza que tienen encima! ¡Con lo mosqueados que están en el pueblo por las cosas raras que le pasan! Bueno, voy a ver cómo sigue la cosa, que lo mismo bebieron tanto que no se acuerdan de nada, ¡y mira que le salió rico el vino al puñetero!
María sale. José mira al público, menea la cabeza y sigue trabajando.
Escena 5.
María y José.
José está trabajando. María entra alterada.
M: ¡José, José! Que el niño se nos marcha, que se va ¡a Jerusalén! ¡Corre, haz las maletas! Éste me va a oír, me va a oír. (José la mira mientras ella se mueve rápidamente, como una madre) Mira que le he dicho cienes y cienes de veces que se va a meter en un buen lío con esas cosas que dice y hace, mira que se lo he dicho. (Mira a José y le ve parado) ¿Qué haces ahí parado? ¡Venga, coge tus cosas, que nos vamos!
J: (tomando de la mano a María y sentándose junto a ella. La mira con ternura) Mira, María. Te he querido como se quiere a una hija terca y revoltosa, como se adora a una mujer maravillosa y extraña a la vez. He admirado tu fortaleza, tu vivacidad, tu charla interminable, tus quejas… Y he amado a tu hijo como sólo un padre ama a los suyos. Por eso te digo que, esta vez, no puedo, ni debo, acompañarte. Aunque me muera de ganas de protegeros a ambos. Tú y yo sabemos que hay más en él de lo que puede verse a simple vista y también que, aunque me pese, mi papel en esta historia acaba aquí.
M: Pero esposo, ¿qué estás diciendo?
J: Digo, María, que a partir de ahora habrás de ser aún más fuerte. Que él te necesita más que yo, y que tu lugar está con él. Así que vete y recuerda que yo estaré aquí, impaciente por verte cuando vuelvas y dispuesto siempre a escucharte y abrazarte cuando lo necesites.
María le da un abrazo y un beso en la mejilla, emocionada. Se va.
J: (tocándose la mejilla) Adiós, mi amor.
(Música de Mírala cara a cara)
BIENAVENTURADITOS SEAN LOS MANSOS
SEAN LOS MANSOS
BIENAVENTURADITOS SEAN LOS MANSOS
SOY EL HIJO DE DIOS Y YO SE LO MANDO.
YO SE LO MANDO,
PORQUE SUFREN Y SUFREN SIN GRAN DESCANSO
PORQUE TIENEN PACIENCIA EN TODO MAL TRAGO.
(FALTA ESTRIBILLO)
BIENAVENTURADITOS SEAN LOS POBRES
SEAN LOS POBRES,
BIENAVENTURADITOS SEAN LOS POBRES
QUE LAS BUENAS IDEAS AL MENOS SOBREN
AL MENOS SOBREN,
JUNTO CON ESAS OBRAS QUE LOS APOYEN,
LES AYUDE, LES LLEGUEN Y LES CONFORTEN.
J: ¡Caray, menudo cabezón que tienes! Se podría edificar una iglesia sobre él
S: Sí, ¡la de tu padre! ¿No te digo?
J: A ver, Simón Pedro, ¿qué hacemos hoy? Léeme la orden del día.
P: Veamos… A las 12:30 charla en la sinagoga, ya sabes, hoy toca discurso contra los fariseos, que ayer te lo pusieron difícil con las preguntitas… A las 13: 40, comida en casa del recaudador, a las 17: 20, café en el burdel de Miriam, a las 19 horas, milagros y curaciones varias y a las 20:15 cenamos en casa de Marta.
J: ¡Buff, qué día más completito! Y que luego digan que es fácil ser el Mesías. Entre los textos que me tengo que saber y los que me voy inventando yo, tengo un cacao en la cabeza… ¡Verás como cualquier día suelto una locura! Del tipo de esa de Bienaventurados los pobres, ¡angelitos!
P: Pues a la gente le gustó.
J: No, si luego lo piensas y es bonito y todo, pero eso no estaba en los planes, A ver qué dice mi Padre luego.
P: Verás cómo le gusta.
J: Eso espero (grita hacia dentro) ¡Bueno compañía, en marcha a la sinagoga!
Salen.
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