Veamos,
¿qué me hace a mí especial?
Si hubiera un cataclismo, ¿por qué deberían salvarme a mí?
No soy excepcionalmente inteligente,
ni particularmente bonita,
ni sé mover las orejas,
ni puedo levantar una ceja de manera asombrosa, incitante o inquisitoria.
No soy depositaria de nintún secreto vital para el establecimiento y el desarrollo de la especie humana,
no poseo un conocimiento profundo sobre ningún tema y no valgo para enfrentarme a monstruos ni a guerreros espaciales, perfectamente preparados para abatirme con un solo golpe de vista.
Entonces, ¿soy especial?, me pregunto.
Y la respuesta es clara e indistinta, como lel hubiera gustado a Descartes,
y son los datos de mie experiencia los que la apoyan, como aprobaría Hume,
y les antepongo mis estructuras a priori: mi espacio pequeño, mi tiempo desaprovechado, mis esquemas complejos y mis ideas confusas, desordenadas y anacrónicas.
Y entonces lo sé. «Me amas, luego existo». Soy especial porque te tengo a ti.
(2001)
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